Como decíamos ayer...
Hace prácticamente quince años, publiqué mi última entrada en este amado blog... Ahora es la penúltima entrada.
Tantas cosas han sucedido desde esos tiempos... Tantos desarrollos y crecimiento en tantos sentidos... Tantas satisfacciones... Tanta gratitud a la Divina Providencia por sus amorosos y delicados detalles cada día...
Hoy regreso para compartir con mis amados seguidores, algunos de los tesoros que me han traído estos quince años.
Como quien regresa al hogar después de un largo viaje, regreso a este querido espacio para ir desocupando mi mochila y compartir con ustedes algunas cositas que pueden amenizar sus vidas y recrear en mí, gratos recuerdos. Los que me recuerdan saben que soy inquieta y curiosa, ávida de novedades y experiencias, inocente como una niña de cinco años (que nunca he dejado de ser), y a la vez resistente como una espada forjada y templada en el fuego de ese horno que es la cotidiana experiencia de vida.
Así pues, queridos seguidores de este amado espacio... Tomad asiento, ponéos cómodos, aguardad unos minutos mientras tomo un baño para quitarme de encima el polvo y el sudor que deja una larga travesía, mientras en la estufa hierve el agua para preparar un delicioso té verde... Quizás sea este el primer regalo de mis viajes, que compartiré con vosotros.
L@s amo a tod@s de todo corazón.
Imagen que acompaña esta entrada: corresponde a la torre Atrio, en el centro de Bogotá (Avenida Caracas con Calle 27), tomada una tarde hace algunas semanas, cuando salía de una reunión de trabajo y me disponía a retirar mi vehículo del parqueadero para regresar a casa... De pronto levanté la vista para dar gracias al Todopoderoso por los logros obtenidos ese día... Y Aquél a quien yo quería agradecer por tantos regalos, me obsequió este otro gran regalo que quise preservar en esa imagen... Los sonidos, la temperatura ambiente, los aromas, la energía de ese momento impregnaron mi ser de un modo tan profundo y dulce, que la más intensa experiencia sexual parecería poco al lado de ese instante. Sólo Dios sabe cuántas lágrimas, y cuán sentidas, me produjo ese instante. Un vigilante se acercó a preguntarme si estaba bien, y yo solamente le dije, "Nunca he estado mejor... Solamente que no lo supe hasta hoy". El señor se fue, entre confundido y pensativo, y yo seguí mi camino, con mi rostro en alto para que el aire fresco de la tarde secara mis lágrimas...


1 comentario:
Hola Paty, un gusto encontrarte por aquí de nuevo. Debes tener muchas cosas buenas qué contar, entonces no demores tu próximo post. Un abrazo y muy pendiente de tus lecturas. Te quiere mucho, Alejandra. 🥰
Publicar un comentario